Seguro que sabes cuál es la posición del misionero, pero la postura más clásica del kamasutra puede ser mucho más sorprendente de lo que piensas
Cuando pensamos en posturas sexuales, la del misionero suele ser una de las primeras que nos viene a la mente. A pesar de su fama de ser una posición "tradicional", sigue siendo una de las favoritas por su versatilidad y por la conexión que facilita entre las personas. Lejos de ser una postura monótona, puede adaptarse a diferentes ritmos, preferencias y niveles de experiencia, convirtiéndose en una excelente opción para disfrutar del encuentro sexual.
La pose del misionero es una de las posturas más practicadas, seguramente porque es cómoda, fácil y permite tener una relación sexual íntima mirando directamente a los ojos de tu pareja. Es una postura que además permite acariciar otras zonas erógenas de tu pareja y, debido a su sencillez, es ideal para el inicio de las relaciones sexuales.
| En este artículo descubrirás que, aunque de primeras pueda parecer una postura básica, con pequeñas variaciones puedes practicarla de forma distinta, saliendo así de la rutina en pareja... ¡atento a estos trucos! |
¿Qué es la postura del misionero?
Si te preguntas qué posición es el misionero, consiste en que una de las personas de la pareja se tumba bocarriba y abre sus piernas flexionadas mientras la otra persona se coloca sobre ella de manera que los genitales entren en contacto.
Aunque suele considerarse una de las posturas sexuales más tradicionales, eso no significa que tenga que ser aburrida o predecible. De hecho, pequeños cambios en la inclinación de la pelvis, la posición de las piernas o el ritmo pueden hacer que las sensaciones sean completamente diferentes. Además, al permitir un contacto visual constante y una gran cercanía física, es una postura que muchas personas asocian con una mayor conexión emocional e intimidad durante el encuentro.
La posición sexual del misionero lleva practicándose más de 2.000 años, aunque no recibió el nombre de "misionero" hasta el año 1948. Además, ¿sabías que durante la Edad Media era la única postura sexual aceptada por la Iglesia por ser la más "casta" y porque propiciaba la fecundación?
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Para practicarla, no te puede faltar...
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¿Cómo se hace el misionero? Las 6 variantes de esta que no te puedes perder
Con las piernas dobladas
La persona de abajo dobla las piernas para que la penetración sea más profunda.

¡Túmbate!
La persona de arriba se queda completamente tumbada y elevada mientras la persona de abajo lo sujeta por las caderas o por los hombros para controlar la penetración.

Levanta la cadera
La persona de arriba se apoya en las rodillas y la de abajo se engancha con las piernas a sus caderas.

De lado
¡Esta variante es comodísima! Ambos estaran tumbados, así que es perfecta para una tarde tonta de domingo.

Piel con piel
La persona de arriba se tumba completamente sobre la de abajo (con cuidado de no aplastarla)... ¡el roce despertará todos sus sentidos!

Darle uso al cabecero
Si tienes uso cabecero... ¡denle uso! Se trata de un gran complemento para controlar los movimientos.

Consejos que puedes aplicar a cualquier variante de la postura el misionero
Eleva la pelvis
La primera variación que te proponemos en la postura del misionero es poner una almohada no muy grande debajo de las lumbares para alzar un poco la pelvis. Por muy banal que parezca, esta pequeña incorporación hace que el pene (o arnés con dildo) roce las paredes vaginales, estimulando directamente la zona G. El movimiento y contacto del glande del pene y el clítoris, dos zonas erógenas muy sensibles, puede generar fricciones. Para evitar molestias y disfrutar sin preocupaciones os recomendamos utilizar un lubricante a base de agua.
Utiliza las piernas
Una vez integrado el truquillo del cojín, vamos a por el segundo paso: ¿qué hacer con las piernas? Muy fácil: abraza a tu pareja con ellas. Con este pequeño gesto, no solo conseguirás una estimulación externa más intensa, sino que ganarás en movilidad.
Mueve la pelvis en círculos
Estando abajo se pueden hacer muchas cosas. No tienes porqué ser una estrella de mar, aprovéchate de la movilidad que te facilita el hecho de estar rodeando a tu pareja con las piernas y eleva un poco la pelvis para hacer círculos con las caderas. Ve alternando la dirección y el ritmo (y, si tenéis musiquita puesta, ¡sigue el ritmo del tema que esté sonando!).
Comprueba si estás en forma
A primera vista, el misionero es una postura cómoda que no requiere mucho esfuerzo. Pero todo depende de lo lejos que quieras llegar. Ve mucho más allá de la posición clásica y acomoda las piernas en los hombros de tu pareja (con la almohada te será muchísimo más fácil). Con este pequeño truco, la penetración va a ser mucho más profunda y tendréis más libertad de movimientos: tú para moverte a tu ritmo y tu pareja para tocarte.
Además, es importante recordar que "estar en forma" no significa tener que ser una persona extremadamente flexible o tener una gran resistencia física. La clave está en escuchar tu cuerpo, encontrar una postura cómoda y hacer pequeños ajustes que permitan disfrutar más del momento. Cambiar la posición de las piernas, utilizar apoyos como almohadas o variar la intensidad puede ayudarte a descubrir nuevas sensaciones sin convertir el encuentro en un reto físico.
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En la imaginación y en los pequeños cambios está el placer de romper la rutina y darle chispa a una postura que podría parecer aburrida. No te conformes con lo de siempre. Dale un vuelco al misionero del Kamasutra y disfruta mucho más.